2018-01-02 | 10:30 Ley de Nocturnidad
Una medida polémica pero efectiva: Sin menores en los festejos del 31
El Municipio dispuso que los menores no podían concurrir a las fiestas habilitadas. La medida pudo generar polémica, pero, a la luz de los resultados, se trató de una decisión política acertada. 
Se dispuso y cumplió, de manera positiva, la medida de inhabilitar la concurrencia simultánea de menores y mayores de edad a locales bailables, basada en la legislación vigente. El “campito de Siderca”, lugar de encuentro en eventos populares (por ejemplo, la Fiesta de la Primavera), estuvo custodiado. A pesar del riesgo de generar un “peregrinar de jóvenes errantes” por las calles, la decisión no trajo aparejada grandes complicaciones en materia seguridad.

Se trató a todas luces de una medida que, basada en la Ley de Nocturnidad, iba a generar polémica. Desde el punto de vista del intercambio de opiniones. No solo de los chicos, sino fundamentalmente de los grandes.

Por ejemplo, en las Fiestas de Navidad y Fin de Año, con baile hasta altas horas de la madrugada (bah, bien entrada la mañana) y expendio de bebidas alcohólicas, no se iba a permitir la presencia, como corresponde, como el criterio común lo establece, pero la ley lo ordena, de menores de 18 años.

Iba a ser polémica porque podía derivar en una “peregrinación masiva y errante” de jóvenes, buscando “su lugar” en la Fiesta.

Otros decían que, esa no posibilidad de estar en un lugar único (cerrados bares y pubs y discos en la ciudad, y concentrado el evento en un predio privado, y alquilado para tal fin) les restaba contención, al menos, desde el lado de saber dónde estaban…

Padres, por un lado, hijos, por el otro, y en el medio, el Estado. Que tomó nota de algunas situaciones aislada generadas en Navidad, en un espacio público que no permitió el descanso de los vecinos del sector.

Entonces, la determinación. Algunos podrán decir dura, polémica, injusta, antifestiva, pero, ajustada a derecho. Y punto. Si esperamos mejorar, como sociedad crecer, debemos simplemente respetar lo que la ley dice, porque, en definitiva, de eso se trata también no solo la educación, sino la convivencia civilizada, ¿no?: la ley de inhabilitar la concurrencia simultánea de menores y mayores de edad a locales bailables.

Algunos dirán, vallaron “el campito” que es un espacio público (realmente, ¿lo es?). Otros dirán, dos patrulleros policiales en las esquinas de Av. Mitre y Balcarce y de Balcarce y 25 de Mayo, para no permitir el ingreso, cuando esos móviles podían estar destinados a otros menesteres. Pero, en definitiva, lo que ellos también estaban haciendo, era cumplir y desarrollar tareas de prevención. Y de seguridad.

Para Fin de Año, y como ya es una tradición, el Campana Boat Club es el lugar elegido para despedir un año y esperar el otro. Antes con cenas en el lugar (allí si, mucho más familiar, y hasta con menores). En los últimos tiempos, únicamente para bailar y brindar. Y tercerizado en la responsabilidad, en el riesgo, pero también en el éxito de la realización.

Entonces, esa combinación resultó positiva. Porque, en las calles no hubo situaciones de violencia extrema ni incidentes de gravedad.

Y en el CBC, fiesta habilitada por el Municipio, con controles en la entrada, documento en mano los ingresantes que podían ser “sospechados” de ser menores, todo fue sin desmanes descontrolados, y con mucha música y alegría. Una fiesta, de inicio a fin…

En definitiva, al fin y al cabo, se pudo festejar el fin de año, en casa y con familiares primero, con amigos y otras relaciones, en el ámbito privado, después. Con el Estado, a partir de la decisión política del Intendente Abella, regulando la actividad, y previniendo y controlando. Haciendo, ni más ni menos, cumplir la Ley. Como corresponde. Por más que la medida, pueda haber sido tildada de antifestiva…

 

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